/ mayo 18, 2019/ Ciencia y Tecnología, Cuba, Destacadas, Economía, Helms Burton, Noticias, Sociedad

Por: Dianet Doimeadios Guerrero, Lissett Izquierdo Ferrer, Deny Extremera San Martín, Edilberto Carmona Tamayo (podcast de Cubadebate). La economía cubana protagoniza nuevamente El podcast de Cubadebate. En esta oportunidad, se conversa con el Doctor José Luis Rodríguez y el periodista Ariel Terrero sobre las alternativas que podrían implementarse para solucionar problemas urgentes del sistema de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, así como para mejorar nuestra situación financiera.

— El presidente Miguel Díaz-Canel anunció en la reunión extraordinaria de la Asamblea Nacional que la actualización del plan de la economía para las situaciones más complejas exige la acción más inmediata.

José Luis, usted fue ministro de Economía y Planificación de Cuba desde 1994 hasta 2008, cuando seguramente ese plan estaba activado. ¿Qué medidas podemos esperar?

José Luis Rodríguez: Vuelvo sobre la idea de que no estamos en una situación similar a la del Periodo especial, cuando las decisiones que tomamos fueron de sobrevivencia. Había que resistir, y eso suponía reducciones muy drásticas del consumo de alimentos, del transporte y la electricidad. Esa no es la situación que tenemos hoy; el país tiene reservas que puede utilizar en este instante. Partiendo de eso, ciertamente, hay una serie de problemas urgentes que hay que atender.

— ¿Cuál es el problema más urgente que tenemos?

José Luis Rodríguez: Yo diría que es la búsqueda de la necesaria liquidez que requiere el país para su funcionamiento; incluso, para financiar gradualmente su desarrollo. Todo lo que se puede hacer en ese sentido, en parte, está recogido en las seis directivas fundamentales del Plan 2019, cuando se habla de diversificar las exportaciones, de sustituir importaciones, de ampliar los servicios que exportamos…

Pero hay que ir a nuevas tácticas para cumplir con el objetivo de impedir que una situación nos sofoque desde el punto de vista del financiamiento externo. Hay que garantizar dos cosas inicialmente: la alimentación de la población y la energía del país. Nosotros hemos pasado por crisis energéticas muy graves. Recordemos la del año 1994 con los apagones de “8 por 8”, y también la de 2004. La primera fue por falta de combustible y la segunda por crisis en las instalaciones de generación; se cayó la generación en unas cuantas termoeléctricas y eso provocó una crisis importante. El país tomó medidas extraordinarias en aquel momento; por ejemplo, los grupos de generación descentralizada de electricidad, los grupos de emergencia, las plantas pico, etc.

Es decir, hay un conjunto de medidas para situaciones extremas que el país tendría que adoptar si se generan las situaciones que lo ameriten. Pero nosotros tenemos que avanzar más dentro de lo que hoy funciona, como es el caso de la inversión extranjera. El país no tiene capacidad suficiente de ahorro y depende de la inversión extranjera, no absolutamente para todo, pero sí para una serie de sectores claves; por ejemplo, la generación de fuentes renovables de energía, el turismo… Sectores que va a ser muy difícil desarrollar con recursos propios si no tienen una fuerte entrada de inversión extranjera. Para ello, tenemos que tener presente que la experiencia de la inversión extranjera en los últimos años no va a los ritmos de crecimiento que se requieren.

No se puede perder de vista que el principal obstáculo para la inversión extranjera ha sido el bloqueo estadounidense, porque la persona que viene a invertir en Cuba lo primero que se encuentra es que el calificador de riesgo que le aplican a Cuba es de alto riesgo. Tiene que venir consciente de eso, ¿por qué?, porque tiene que enfrentarse a los estadounidenses. Aun así, hay gente dispuesta a invertir en Cuba. Lo ha demostrado la vida, lo demostró el Periodo especial con situaciones peores, y se está demostrando en el presente.

Pero, lógicamente, ese capitalista que viene a invertir en Cuba corre un riesgo mayor y pide que se le retribuya. En otras palabras: el riesgo se paga en la economía. Si usted hace una inversión a riesgo, usted aspira a que la retribución cubra el riesgo. Usted no puede negociar la inversión extranjera de la misma forma en que se negocia en Costa Rica, en Jamaica o en otros países que no están bloqueados.

Uno de los elementos claves en la forma de negociar la inversión extranjera es reconocer el riesgo del inversionista que viene. Es necesario. Si uno analiza la experiencia de los años noventa con la Sherritt, con Tabacalera, con Etecsa, aprecia que se fue muy hábil para reconocer el riesgo de aquel que venía a invertir a Cuba, y se le retribuyó de una u otra manera. Así progresaron las inversiones extranjeras, sobre todo a partir de 1994.

Entonces, esa experiencia existe. Tenemos que aplicarla, y más en estos momentos, poniendo por delante que ahora también tenemos la amenaza de la Ley Helms-Burton y su Título III, cuando los Estados Unidos comienzan a implementar las reclamaciones por el uso de propiedades expropiadas para Cuba.

Cuba tiene que desarrollar una política proactiva teniendo en cuenta el riesgo de quien viene a invertir, para evitar que ese inversionista se retire. Y para eso hay una serie de medidas elementales; por ejemplo, no podemos tener deudas con los inversionistas. Nosotros tenemos, por una serie de circunstancias, utilidades retenidas que no hemos podido pagar y eso tiene que resolverse. Hay una cantidad de dinero que quedó debiéndose del año pasado.

No podemos seguir con una deuda con la gente que está invirtiendo o que está comerciando con nosotros. Esas son las decisiones de carácter urgente que tienen que tomarse antes de proponer cualquier otra medida en ese sentido. Una vez que se resuelvan esos problemas, entonces hay que ir a una política de concesiones, hasta donde sea indispensable, para evitar que se produzca un aislamiento de Cuba en el ámbito internacional. Por lo tanto, este campo es muy importante para el financiamiento del desarrollo nuestro, que está asociado —aunque no es exactamente lo mismo— con el financiamiento corriente, o sea, con los créditos para comprar alimentos, combustible, etc.

Hay que tratar, por todos los medios, de cumplir a tiempo con todas esas cuestiones. Y si hay que frenar un poco el gasto de inversión, habrá que hacerlo con recursos propios, porque es indispensable que no se nos produzca una situación de mayor tensión en los suministros corrientes, donde no solo están los alimentos sino todas las materias primas. Por ejemplo, el país no puede renunciar a la producción de medicamentos ni crear una situación de escasez mayor a la que ya existe por no tener el financiamiento indispensable para comprar la materia prima, pues afectaría nuestro consumo interno, lo cual es grave, y también las exportaciones.

Es decir, hay que revisar todas estas decisiones, ver todos los puntos rojos y operar para salvar todas las urgencias que pueden crearnos un conflicto a corto plazo. Hay que ver cómo se maneja este fenómeno de la Ley Helms-Burton. Hay que seguir el tema muy de cerca. Habrá que tomar medidas no solo para contrarrestar, sino para ir a la ofensiva contra la Helms-Burton, como se hizo en los años noventa. Cuba se mostró favorable a una negociación desde los años sesenta. Cuando se hicieron los procesos de nacionalización se fue a negociar las compensaciones; fueron los norteamericanos los que se negaron a esta posibilidad.

Cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas, en 2014, volvió a abrirse esta área  y empezaron a aparecer una serie de alternativas, porque han pasado ya muchos años y hay gente que recuperó el dinero que perdió en las nacionalizaciones. Hay que estudiar quiénes son y ver qué se está demandando, y qué otra medida podemos adoptar para neutralizar.

—Ariel, según su experiencia, ¿qué medida urge implementar a corto plazo?

Ariel Terrero: Hay una medida que para mí es fundamental en el corto, mediano y largo plazo, que es acelerar la reforma empresarial. La empresa, de cualquier tipo, es la célula fundamental de la economía. El óptimo funcionamiento de las empresas es lo que va a garantizar que la economía funcione bien en un entorno financiero-monetario que favorezca el desarrollo.

Se han dado algunos pasos, pero todavía con demasiada cautela, para propiciar que las empresas tengan una política salarial más flexible. Aún queda mucho por hacer para que tengan más autonomía y posibilidades para garantizar la participación de los trabajadores en la planificación. Todavía se va muy lento y con mucho miedo, a veces, ese es el sentimiento que deja.

Separar las funciones estatales de las empresariales fue positivo; sin embargo, se buscó como una alternativa las famosas Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE), y lo que ha demostrado esta primera experiencia es que todavía las empresas están amarradas por dichas estructuras al tomar una decisión.

Entonces, que existan grandes corporaciones —que sería el equivalente de las OSDE— es positivo, pero eso no puede impedir que las Unidades Empresariales de Base (UEB) tengan más capacidad para tomar decisiones, para tener personalidad jurídica, para poder operar en el mercado exterior.

O sea, que exista otra manera de entender la economía, y que las empresas sean capaces de “extender las alas” tanto en un mercado externo como interno, incorporar nueva tecnología, acordar una inversión. Eso podría propiciar, incluso, que los inversionistas extranjeros tengan un escenario más favorable a la hora de venir a buscar dónde hacer la inversión. El Ministerio de Comercio Exterior se ha preocupado por propiciar esto, pero hay que reconocer que no ha funcionado del todo bien, y es fundamental, porque estamos hablando de las empresas estatales, que son las que soportan el peso de la economía. Pero estoy pensando también en las cooperativas, que son una forma empresarial, que poco a poco han ido siendo reconocidas como tal, tanto dentro como fuera de la agricultura, aunque tengo mis dudas de que sean la forma ideal de la economía cubana. Pero si están presentes, bienvenidas sean. También las pequeñas y medianas empresas privadas —el tamaño no es lo que me preocupa—, que ya están funcionando bajo la apariencia de trabajadores por cuenta propia o de cooperativas —y en realidad son empresas privadas— están ahí y pueden jugar un papel importante en la economía.

Pero en general, todos estos pasos que se vienen dando, y que se han dilatado mucho en el tiempo, estaban previstos para 2017. Algunas medidas se han ido posponiendo en torno a la reforma empresarial. Y la economía cubana lo necesita con urgencia, creo que hace falta más audacia para implementar determinados cambios para las empresas: si no funcionan bien por exceso, entonces los voy reduciendo, porque a la inversa, ir abriendo la puerta poco a poco, no funciona de manera adecuada.

Estas medidas podrían contribuir mucho a la solución de algunos de los problemas que hemos mencionado. Por ejemplo, el de la agricultura, que requiere inversiones. No es casual que cada vez que estamos en una coyuntura económica importante, se defina la producción de alimentos como un problema estratégico, de soberanía. Es importante que fortalezcamos la agricultura sin visiones extremas.

Y por último, esa maldita dualidad monetaria y cambiaria que nos urge resolver.

Unificación monetaria, ¿solución a los problemas de la economía?

— ¿Estamos en un momento oportuno para la unificación monetaria y cambiaria?

José Luis Rodríguez: Es necesario eliminar la dualidad monetaria y cambiaria. La circulación de dos monedas se admitió en 1993 debido a que en ese momento el peso cubano se había depreciado notablemente en relación con el dólar americano. En 1990, en la economía informal, se cambiaban siete pesos por un dólar; en 1994 ya eran 150 pesos por un dólar.

La economía estaba muy desequilibrada y había que volver a garantizar la función del dinero, para lo cual existían dos caminos. Uno era cambiar todas las monedas, una medida muy traumática porque es coger los billetes y decir que ya no valen, todo empieza desde cero. Esto se propuso y se discutió en el Parlamento en mayo de 1994. La otra vía era hacer un proceso gradual de transición, que fuera menos traumático, segregando los sectores que tenían condiciones para reproducirse porque generaban divisas, y los que dependían de otros. Se produciría una especie de transición entre unos y otros, de manera que se llegara a un punto en el que se volviera a normalizar la situación.

Entre 1993 y 1994, cuando se sacaron las cuentas de cuánto implicaba una devaluación, el trauma iba a ser de tal naturaleza que la economía no lo podía resistir. Sin devaluar, el 69% de las empresas ya no era rentable en ese momento.

— ¿Qué ocurre cuando se devalúa?

En este caso, la moneda nacional pierde valor frente a otra moneda. En esos años —y todavía se mantiene hoy— la tasa de cambio para las operaciones en la actividad económica era de 1×1. En ese momento, reconocer el valor real que tenía un peso cubano implicaba que hubiera que cambiar 10 o 15 pesos por un dólar americano. Eso provocaba que por cada dólar que entrara a la economía el costo fuese de 10 o 15 pesos, lo cual elevaba el costo notablemente y, por tanto, aquellas empresas que ya eran irrentables no quedarían en pie. La decisión que se tomó no fue irse por este camino, sino ir a una solución gradual, conscientes de que en el tiempo esa situación tenía que ser superada. Una parte de las empresas operaría en divisa y la otra en moneda nacional. La población tendría, a su vez, una parte de ingresos y gastos en divisas y otra en moneda nacional.

Para poder hacer esa devaluación —el inicio de la solución del problema— hay que partir de una premisa: en el caso de Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro, y luego el General de Ejército Raúl Castro, siempre plantearon que nadie sería ni será afectado, en lo fundamental.

Por lo tanto, y volviendo a la explicación anterior, cuando se tiene que elevar el costo producto de la devaluación, ese impacto no puede pasar a los precios finales, porque de lo contrario a la población no le alcanzaría el dinero para nada. Si se pasa trabajo sin devaluación, imagínense multiplicar por 10 los costos de los productos. La solución consiste en poner un “colchón” para evitar que esto ocurra, es decir, subsidiar los precios que se elevan producto del incremento de los costos. Cuando se sacaron las cuentas de lo que esto representaba estábamos hablando de miles y miles de millones.

A lo largo de los años se han estado buscando alternativas para ver cómo se logra esa cantidad de dinero o elevar los ingresos, tanto de las empresas como de la población, para evitar que las golpeen precios más altos. Esa es la fórmula que no se ha encontrado. Para eso la economía tiene que tener una cierta nivelación y estabilidad. Después de 2003 parecía que íbamos a entrar por este camino, cuando se anunciaron los referidos pasos; en 2015 pareció que era posible. Pero con crecimientos del 1% y con déficit creciente en la balanza de pagos prácticamente es imposible, porque no hay de dónde sacar el dinero.

Considero que hoy no hay condiciones a corto plazo para llevar a cabo ese proceso. Puede ser el año próximo o el siguiente. Incluso, los análisis internacionales exponen que en la actualidad Cuba no puede, por su situación económica, eliminar la dualidad monetaria y cambiaria. Tendrá que ser entre 2021 y 2022, que se conjugue finalmente todo lo descrito. Porque hay dos tasas de cambio, que es el otro problema: una para las empresas y otra para la población, en Cadeca (1×25).

En las empresas hay una devaluación y en el sector de la población se requiere revaluar ese peso, es decir, llevar la tasa hasta 15, por ejemplo. Cuando se haga esto, se estaría rebajando el precio, similar a lo que ocurrió en 2005. En ese año se planteó por la máxima dirección del país buscar qué se podía hacer para elevar el poder de compra de las personas. Se propuso pasar la tasa de aquel momento (26-27) a la actual (24-25). Ese simple movimiento de dos pesos le costó al país cientos de millones de dólares. Porque la gente, cuando percibe que su moneda tiene mayor poder de compra, la convierte inmediatamente en bienes materiales, y si las tiendas no están abastecidas se crea un rollo mayor.

Eso pasó otra vez en 2016, cuando se rebajaron los precios de determinados productos en las TRD, como el pollo. Antes de la rebaja, se vendían 30 toneladas diarias, y luego el consumo se incrementó a 120 toneladas. Por eso, el proceso implica reunir dinero para llenar las tiendas.

Vean todas las complejidades que tiene este proceso. Por eso digo que tenemos que seguir trabajando hasta que se creen las mejores condiciones para el ajuste monetario gigante que tiene que hacer el país.

Ariel Terrero: A veces me pregunto si será posible solucionar la dualidad monetaria sin que haya determinado costo social, quizás haya que buscar otras maneras de decidir cómo dar el paso, aunque no estén creadas todas las condiciones. El propio General de Ejército Raúl Castro ha reconocido la necesidad de resolver la dualidad monetaria y cambiaria para poder resolver otros problemas del país, en los precios, los salarios, las jubilaciones, las inversiones, una serie de dificultades cuya solución depende de la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria.

Yo sí creo que la solución de los problemas de la economía pasa, primero, por la unificación monetaria y cambiaria. Si esperamos a tener todas las condiciones creadas para dar el paso, nunca va a llegar. Será inevitable que tengamos algún costo, porque de hecho ya hoy lo estamos teniendo, precisamente por la demora en la solución de ese problema.

—Ariel hablaba de la necesidad de liberar las fuerzas productivas, ¿este escenario requiere fortalecer más el sector estatal y no estatal?

José Luis Rodríguez: Sí, indudablemente. Pero hay que tomar decisiones en ese sentido. Yo no coincido mucho con Ariel en que eliminar la dualidad monetaria sea lo primero que haya que consumar, porque si fuera así desde 2013 estuviéramos sin hacer nada, porque se dijo que había que realizarla y no se ha podido.

Hay que tener mucho cuidado, porque hay medidas que se pueden adoptar y son reversibles, con determinados costos, pero no son impagables. Ahora, si nosotros damos un paso en falso en la dualidad monetaria, eso no tiene regreso. Experiencias en ese sentido hay, las de Vietnam en 1986, los chinos cómo lo hicieron… Ambos tuvieron muy malas experiencias, precisamente, por no medir bien a la hora de dar el paso, porque no es reversible y las consecuencias se disparan. Si usted no tiene preparadas alternativas, el problema se dispara.

Hay fórmulas para compensar. Lo último que se ha dicho en este sentido es que la dualidad monetaria va a venir acompañada de una reforma salarial. ¡Correcto! Pero no es solo una reforma salarial, porque tenemos en el país 1 600 000 jubilados, y las pensiones no se pueden quedar iguales.

—Entretanto, ¿qué se puede hacer?

José Luis Rodríguez: Si no se puede dar la gran solución, ¿por qué no se pueden indexar las pensiones?: si aumentan los precios, que aumenten las pensiones, modestamente. Los precios no están disparados a tal magnitud que vayan a disparar la situación. Están las alternativas de fondos de pensiones que no estamos explotando. No tiene que cargar el Estado con el ciento por ciento de los fondos de pensiones, se pueden emplear fórmulas que otros países han utilizado, que pueden ser fondos de pensión privados o cooperativos.

— ¿Qué son los fondos de pensión cooperativos?

José Luis Rodríguez: Hay cooperativas que subvencionan las pensiones que las personas reciben del Estado con un monto adicional, sobre la base de una contribución que hicieron previamente. Los fondos de pensiones son importantes en los países capitalistas y no todos son estatales. Hay que explorar todas esas vías, lo que sí no puede decirse es que se va a hacer la unificación monetaria y que va a seguir la situación de los fondos de pensiones como está, igual que la de los salarios.

Con unificación monetaria o sin ella, soy del criterio que si hoy no se aumenta la retribución salarial de sectores que están muy erosionados, como la educación o la ciencia, vamos a perder la masa crítica, y si se pierde no se repone en dos días. Cuando se va un doctor o un profesor titular, estos no se reponen en dos días. Vimos en un episodio de la serie de televisión ConCiencia cómo el científico terminó de parqueador. Y que las razones son eminentemente económicas no es una exageración. Hay notables casos, personas con un tremendo nivel de preparación que se han ido a ganar un salario mayor en otra profesión que no tiene nada que ver con su preparación.

Entonces, no podemos perder la masa crítica porque, compañeros, cuando se va, no retorna. Tengo experiencia en ese sentido; en los años noventa no pocas personas quedaron disponibles y luego no se logró su retorno, porque no solo era un problema de dinero, sino de tratamiento personal. Hay que estudiar todas las posibles soluciones y tener preparadas las alternativas.

Es verdad que todo cambio tiene un costo. Toda esta reforma económica tiene ventajas que en muchos casos no se materializan a corto sino a largo plazo, pero a corto plazo tienen costos. Un gran costo es el pago de la deuda; consecuencia más costosa que esa no ha existido en estos años, y eso fue parte de los Lineamientos del 2011. Todavía hoy estamos en ese proceso, pero eso no se explicó de esa manera. Aparece que todos estos crecimientos no se materializan; claro, si hemos estado pagando miles de millones de dólares de deuda.

Y aquí me quiero referir a la secuencia lógica del despegue. Si usted no liquida cuentas con aquellos a los que debe, y con la gente que está potencialmente como inversionista en Cuba, nadie va a venir a invertir ni nadie nos va a prestar un quilo. Esa es una condición básica para que haya inversión extranjera, y sin inversión extranjera no aumenta la productividad, y si no aumenta la productividad no puedes subir los salarios. Esa es la secuencia, no tiene otro camino.

¡Ah!, pero hay que tomar las decisiones adecuadas para que en el punto crítico se opere en el momento indispensable. Se ha estado explicando aquí todos los problemas que hay con la ciencia, con la estimulación de los trabajadores de la ciencia. La ciencia es una esfera típica de capital de riesgo; no se puede seguir pensando en financiar un centro de investigación y al año siguiente exigirle un descubrimiento. De esta manera no ha funcionado la biotecnología cubana, el sector más exitoso del país. Por ejemplo, para llegar a la cura de la enfermedad del pie diabético se necesitaron 10 años, y no se le podía decir al investigador principal que en un mes debía formular la cura. Lo cierto es que todavía se sigue considerando como un gasto y no como una inversión.

—Volviendo a la pregunta, ¿cree que en este escenario sea imprescindible potenciar más la participación del sector no estatal; por ejemplo, las cooperativas no agropecuarias.

José Luis Rodríguez: Sí. Hay una participación que está a la vista, cuya operación tiene complejidades, pero que puede dar grandes réditos. Se trata de las remesas, las cuales se estiman entre 2 500 y 3 000 millones de dólares cada año. El 50% de ese monto es capital de trabajo, para el desarrollo de negocios como restaurantes y casas de renta; porque, ¿de dónde saca el dinero este sector si no suele pedir créditos al banco?

Hay experiencias internacionales de creación de fondos mixtos de inversión en los cuales participa tanto el que manda y recibe la remesa, como el Estado. ¿De cuánto de esos millones que entran a Cuba pudiera beneficiarse el Estado? Incluso, puede ser durante un tiempo. Claro, esto requiere un mercado financiero que hoy no existe; en los lineamientos está previsto que se cree. Hay una serie de cosas que están apuntadas, vías posibles de solución que tenemos que pensar. Aunque no son soluciones simples. No es implementarlas y ya, se resolvió el problema; hay que diseñar instituciones, mecanismos.

—Una última pregunta, en la Asamblea Nacional del Poder Popular se definieron seis sectores estratégicos para el desarrollo de la economía. ¿En ellos se concentrarán las inversiones? ¿Qué opinan?

Ariel Terrero: Me parece prudente haber definido seis sectores estratégicos, que forman parte de los 11 identificados en el plan de desarrollo a largo plazo, pues permitirá concentrar los dineros en áreas claves, en momentos de limitaciones en el capital destinado a las inversiones debido a la actual situación económica.

  • El turismo, por ejemplo, ha demostrado desde los años noventa capacidades de desarrollo y un fuerte potencial.
  • También está el sector de la biotecnología, de alto desarrollo y con un lugar importante en las exportaciones.
  • Hay una diferencia sustancial con respecto a los años noventa. Hoy Cuba produce, aproximadamente, casi la mitad del petróleo que consume, entre petróleo y gas acompañante.
  • En los años noventa, prácticamente todo el petróleo era importado. En la actualidad se busca desarrollar las fuentes renovables de energía y creo que es una alternativa muy interesante y que también tendría virtudes desde el punto de vista ambiental. Esa es otra actividad que hay que mantener.

O sea, se trata de concentrarse en sectores que pueden aportar, en el corto plazo, una fortaleza determinada a la economía cubana. Además, son sectores donde estaba prevista una capacidad de infraestructura que generan de forma directa exportaciones o sustituyen importaciones.



Share this Post