/ agosto 13, 2019/ Noticias

Por: Departamento de Comunicación Institucional. Ese Fidel que tanto amamos tiene la mirada aguda, la palabra sabia y la gorra hecha de Granma y Sierra. Lleva a veces barba negra, a veces blanca y otras anda desbarbado.

Un océano de pueblo humilde baña sus pies de Moncada, de guerrillero y gigante, mientras huyen de su luz petimetres, egoístas y tiranos.

Yo me subo por sus botas, indago en sus bolsillos, escruto sus entrañas y descubro que quiero ser como él. En mi escalada voy despacio, sin hacer ruido para no espantar la paloma que hizo nido en lo alto de su hombro.

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