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Tomado de la Revista "Revolución y Cultura" de enero de 1980.

MARTÍ EN LA PLÁSTICA.

Aldo Menéndez.

La figura de José Martí ha sido motivo de permanente inspiración para nuestros artistas plásticos. Puede afirmarse, sin temor a equivocaciones, que la mayoría de los pintores, dibujantes y escultores cubanos, han plasmado alguna vez sus singulares rasgos. Y no puede olvidarse el sustanciosos aporte realizado, en tal sentido, después del triunfo de la Revolución, por el cartel y en general por el diseño gráfico.

A través de muchas de estas obras es posible conocer los momentos más significativos de la rica biografía del Maestro, entre ellas un buen número de reconstrucción histórica, como la de su caída en combate en Dos Ríos de estebán Valderrama. Algunas piezas son, sin dudas, composiciones claves en la producción de autores de la importancia de Eduardo Abela, Carlos Enríquez, Jorge Arche y Raúl Martínez. Hermoso libro el que reúna tan completa iconografía. Un proyecto por el Centro de Estudios Martianos. En sus páginas, además, podrían aparecer las reproducciones de los autorretratos de Martí, las numerosas y excelentes fotos que de él existen y los retratos realizados por creadores extranjeros (Herman Norman, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Angel Bracho, Cecilio Almeida, Piotr Shapiro...).

La fuerza de las líneas del rostro de nuestro Héroe Nacional ejercen una atracción desarrollada por dos vertientes principales dentro de la creación pictórica y gráfica: una -abundante en extremo- no se separa de los modelos fotográficos; otra intenta sintetizar sus líneas. A la primera pertenecen, por ejemplo, los retratos de Armamdo Menocal, Enríque Caravia, Orlando Suárez, Orlando Yanes y Juan Moreira; a la segunda, los ejecutados por Jorge Rigol, Manuel Vidal y Chago.

Desde los años sesenta, se incorporan directamente las imágenes fotográficas o se recrean éstas a partir de su pase a línea (alto contraste), hasta arribar finalmente a la fiel reproducción del documento fotográfico. Empeñados en esta nueva dirección encontramos a infinidad de reconocidos artistas, entre ellos Félix Beltrán, César Leal, Saida Sariol, Eugenio Blanco (Ludovico), Flavio Garciandía, René Mederos, José Contino y Mario Gallardo.

Carmelo González.

Raúl Martínez.

Ernesto García Peña.

 

Volviendo a los cuadros de composición, en nuestros días, éstos se alejan de la reconstrucción histórica buscando trasmitir la verdadera esencia del acontecimiento, el acto heroico sin superficiales apariencias. Se presenta cada momento estelar de la vida de Martí unido a su proyección histórica, como eslabón que hace posible la continuidad de sus ideas. Así lo vieron ya, antes de 1959, Roberto Diago, Alberto Peña y Carlos Enríquez cuando se propusieron pintar su muerte en Dos Ríos. Nueva visión retomada y ampliada por un grupo de jóvenes valores a principios de la última década ( baste citar los trabajos de Ernesto García).

Esteban Betancourt.

Jorge Fornés.

Thelvia Marín.

 

En los años setenta, el retrato de Martí comienza a aparecer asociado a otras figuras, como forma de establecer relaciones fundamentales entre los procesos liberadores cubanos, americano y universal. Así, Nélida López lo presenta con Camilo y Che; José Luis Posada en medio de la selva americana entre Bolívar, Juárez y Louverture; Gilberto Frómeta hecho montaña, junto a otras formadas por Bolívar, Juárez, Che y Allende; Alfredo Rostgaard, en una portada de la revista Tricontinental, utiliza un arcoiris para enlazar su semblante con el de HO CHI MINH.

Ese conocido rostro de Martí, que desde nuestra infancia exploramos, detalle a detalle, rara vez se presenta en la plástica sugerido precisamente por una de sus partes. En 1973, Luis Vega lo consigue con maestría al dibujante -para un cartel de cine dedicado al documental Versos Sencillos- un fragmento de la frente y la cabellera, como so fuera hierba sobre la que crece el bosque cubano. Sin embargo, es común su representación ligada al paisaje, a la vegetación. Y recuerdo un cuadro de José Miguel Pérez, que obtuvo mención en el salón FAR 1974, donde su figura, de pie, se va transformando en árbol.

No quisiera pasar por alto, tampoco, la importancia que para la plástica cubana han tenido los espontáneos conjuntos donde el pueblo coloca su imagen. ¿Cuánto no encontró en ellos Raúl Martínez? Allí va a buscarlo también la lente de Grandal, quien compone todo un magnífico ensayo fotográfico para reflejar la presencia martiana en la creación de la nueva sociedad.

Entre las representaciones más curiosas está una de Tomás Sánchez, donde Martí aparece montado en un caballo, al frente de una columna de combatientes del 26 de Julio, entrando finalmente por la calle principal de un típico pueblecito cubano. La multitud- al igual que el resto de las figuras tratadas a la manera neoexpresionista- saluda la caravana con una emoción que recuerda la experimentada por todo nuestro pueblo el primero de Enero de 1959. Poderoso simbolismo que parece querer significar el definitivo rescate de la imagen de Martí por la Revolución.

Luis Miguel Valdés recrea, como marco a su imagen, una vieja etiqueta de tabacos. En el Martí con la estrella solitaria sobre la frente, de Benjamín Duarte, aflota en duros rasgos- noexentos de belleza- la ingenua lírica del dibujante popular. para David, el caricaturista, lo primero es captar su gesto cargado de voluntad. Roberto Fabelo prefiere despojar la imagen de mitos y encontrar su grandeza entre los sencillos tabaqueros de Tampa. El Martí de Juan Pablo Villar (Jan) explota esa elegancia de la manera con que Federico Martínez lo llevó mucho antes al lienzo. Como en un positivo fotográfico aparece en una tinta de López Oliva. Es el poeta, y sólo el poeta, a quien retrata Artemio Iglesias. Mientras, en una pintura de Juan Blanco medita ese espíritu indivisible, a un tiempo adalid de la libertad y hacedor de metáforas.

Quizás la visión que de Martí aporta la escultura sea más tradicional. Una y otra vez parece repetirse la fría concepción de Villalta Saavedra. De ella se separa un poco Esteban etancourt y, sobre todo, Juan José Sicre, en los bustos con la cabeza ligeramente inclinada y en la pieza monumental que preside el conjunto arquitectónico de la Plza de la Revolución. También Mateo Torrientes intentó romper el canon. Con encanto y perfección, manos extranjeras tallaron, en la madera de una puerta del Capitolio, los bien logrados dibujos de García Cabrera que recogen momentos culminantes de la vida del fundador del Partido Revolucionaio Cubano.

Servando Cabrera,Carmelo González, Carlos Boix, Muñoz Bachs, Jorge Fornés, Rafael Zarza, Domingo Ravenet...Resulta imposible citar, en tan breve espacio, los nombres de todos aquellos que han ayudado a componer esta espléndida investigación creadora en torno a tan extraordinaria figura. Canto de artista al primero de nuestros artistas.

Andrés Ugaldes.

Arturo Montoto.

Pedro Pablo Oliva.

Carlos Estévez.

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