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Martí en la
caricatura
Por ISCAJIM
Mientras atendía el desarrollo de la
Conferencia Internacional Monetaria, reunida en Washington, José
Martí realizó dibujos en su libreta de apuntes, entre ellos una
pequeña autocaricatura de su rostro, que se ha hecho famosa.
Si Martí fue capaz de auto
caricaturizarse, con sorprendente manejo de la síntesis y exagerando
los elementos anatómicos de su fisonomía, demostraba no sólo estar
en posesión de las llaves que conducen a una buena factura en el
reflejo humorístico del individuo, de manera gráfica, sino que
además, era capaz de valorar con justeza este arte, tan
incomprendido y a veces rechazado en el mundo.
De esa forma práctica, más efectiva que
cualquier declaración teórica, José Martí dio un explícito apoyo a
la caricatura personal, y dejó para la posteridad un sólido estímulo
a todos los artistas que la ejercen como parte de la cultura
universal.
Posiblemente, todos los caricaturistas
cubanos de renombre, en algún momento de sus vidas, honraron su
pluma con el rostro del Maestro, haciendo realidad aquel pensamiento
suyo de que “honrar, honra”.
Aquí ofrecemos una escueta galería de
imágenes martianas de diferentes épocas y estilos.
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Ponce de
León. |
A.
Surís. |
Las primeras que encontramos pertenecen
a Ponce de León y a A. Suris. Fueron realizadas en los años finales
de la década del 20, del pasado siglo, con innegable influencia del
cubismo. Se basa fundamentalmente en la superposición de una gran
circunferencia sobre un triángulo, para componer su cara. La
extraordinaria economía de líneas y el magistral tratamiento
geométrico de los rasgos faciales, lejos de reflejar sencillez en la
composición de la imagen, arrojan una obra laboriosa y compleja; ya
que para llegar a tal resultado, los autores debieron pasar por un
proceso minucioso de síntesis de los elementos faciales, que se
complementan necesariamente con una interpretación plástica de las
cualidades intelectuales y humanas del personaje.
Hay que decir que la verdadera
caricatura personal es aquella que trasciende por su valor
artístico; porque penetra más allá de lo puramente formal y sabe
captar al individuo integralmente, su sicología, sus rasgos
espirituales. Y en estas obras, como en las otras que hemos
seleccionado, no está sólo el Martí que se ve desde afuera, sino
también el hombre de grandes ideales y proyección universal. No es
raro que sea su amplia frente --todo un símbolo del gran pensador--,
un factor predominante en sus representaciones.
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David. |
Juan David, el máximo exponente de la
caricatura personal en Cuba, lo reflejó de forma similar. No
obstante, al colocarlo de medio perfil, rompe con el patrón
simétrico que habían empleado sus predecesores; su Martí no se
limita a los aspectos faciales. Nos da su figura de busto, con el
traje y los detalles del vestuario correspondientes; es una imagen
que nos hace recordar las fotos que nos llegaron de la época.
Con una línea más fuerte y acentuada,
como remarcando todo el conjunto, Vidal representa al Apóstol de
frente, recordando la posición clásica frontal, simétrica, pero
incorporándole, como en el caso de David, la indumentaria.
Chago, el dibujante guerrillero de la
Sierra Maestra, autor de “Julito 26”, nos legó también su
interpretación plástica del Maestro, en la que, como al descuido,
cual si soltara manchas con su pincel sobre el papel, va conformando
el rostro, de manera inconfundible.
En la tempera de José Luis hay un Martí
con evidente influencia de Ponce de León, en el tratamiento de los
ojos, pero que ha ido perdiendo parte de la rigidez geométrica,
flexibiliza sus contornos, lo extiende a medio cuerpo y enriquece la
figura con los recursos que le ofrece la pintura.
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Wilson. |
Otro tanto ocurre con la representación
que hace Luis Wilson, decano de los humoristas gráficos cubanos,
quien no escapa al tratamiento del rostro martiano a partir de la
combinación geométrica de una circunferencia (la que se hace
evidente en el trazo de los ojos) y un triángulo, pero que esta vez
devienen un corazón. O sea, se establece cierta relación casi
subliminal entre Martí y un corazón: el hombre y su “amor, madre, a
la Patria”. Es además, no un individuo posando, estático, sino que
actúa, el Martí en plena faena intelectual, escribiendo, expresando
inmortales ideas y batallando con su mejor arma: la palabra.
Por su parte, la caricatura de Martí
hecha por Eduardo Abela no es una obra que pretenda sencillamente
reflejar la imagen del Maestro sino que forma parte de un conjunto,
se incorpora como un elemento del mensaje crítico al sistema. Abela
inserta a Martí dentro de su gráfica humorística de prensa, en el
acontecer político cotidiano. “El Bobo” le habla al Martí del
cuadro, o sube al cielo a dialogar con él, de manera natural, como
se le habla a alguien capaz de comprenderlo y dolerse de los
problemas de la ciudadanía, durante la dictadura machadista, en el
primer tercio del siglo XX.
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Abela. |
En lo estético, la caricatura del
pintor costumbrista y humorista gráfico, Eduardo Abela, se nos
presenta sin grandes pretensiones artísticas, lo que no le quita
valor plástico y una gran fuerza de comunicación con el lector. En
resumen, es una caricatura bien lograda, que va más allá de la
sátira circunstancial que le sirve de marco, y sorprende por su
sencillez de trazos y la soltura de sus líneas. Es el primer intento
por acercar a Martí a nuestra realidad republicana, a las nuevas
batallas por una Cuba mejor.
Además de aquellas donde nuestro Héroe
Nacional tiene un lugar coprotagónico dentro de la escena, la figura
martiana es recurrente en la obra satírica de Abela, quien lo
presenta en una foto de pared, omnipresente en el panorama político
convulso, cual símbolo de valores y aspiraciones populares. En estos
casos, la caricatura se obtiene con apenas unas pocas líneas, en un
alarde de sencillez que logra su propósito de comunicación, a tal
grado que en algunas obras ya no puede decirse de que sea una
caricatura como tal, sino una mera convención gráfica establecida
entre el artista y el lector, para interpretar que ahí está
Martí.
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Tomás Rodriguez
(Tomy). |
Mención especial merece una caricatura
hecha en la década de los 90 por el dibujante y grabador Tomy (Tomás
Rodríguez Zayas), perteneciente éste a la pléyade de buenos
humoristas surgidos bajo el influjo cultural de la Revolución. En
ella vemos al Apóstol, no en un retrato o como un ente celestial
entre nubes, a quien expresarle las angustias y añoranzas populares,
sino como un ser de carne y hueso, un hombre vivo incorporado a la
realidad nacional, sobreponiéndose a las dificultades del bloqueo
norteamericano, librando las nuevas batallas cotidianas de la
Patria. En esta pintura se representa al Héroe Nacional cubano como
un revolucionario más, un hombre de pueblo, en el ambiente hogareño
propio del trabajador manual o intelectual comprometido, en su
mesita de trabajo, rodeado de muebles y enseres que son símbolos de
la vida actual del cubano: libros y flores, un reloj y un radio, el
machete mambí y la foto del Che, una bicicleta y la ventana abierta
hacia la calle, en comunicación con la sociedad, por donde entra la
luz.
Esta obra fue ganadora del primer
premio en su categoría, durante la XI Bienal Internacional del
Humor, en San Antonio de los Baños, Cuba, y reproducida
posteriormente como un mural en una de las paredes del Instituto
Internacional de Periodismo “José Martí”, en la capital cubana.
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Francisco Blanco
(Blanquito). |
Años antes, en la década del 80, el
dibujante Francisco Blanco, hizo una interpretación de la imagen de
Martí digna de aparecer en esta galería por su originalidad. Es el
rostro del Apóstol formado con letras, combinando el blanco y el
negro. Pero no es un simple ejercicio de diseño gráfico, ni un mero
experimento dentro del universo de la letrigrafía, sino una obra de
mucho mayor alcance, donde se integran la imagen del hombre y su
pensamiento, como un todo indisoluble, expresando un fragmento de su
carta inconclusa, en vísperas de su muerte, donde Martí revela
claramente los propósitos patrióticos y antimperialistas de su
lucha.
Esta caricatura de notable valor por la
manera sencilla y directa de comunicar una idea y por el impacto de
su contenido revolucionario, apareció por primera vez como portada
del periódico humorístico Palante.
Esta breve selección sirve de muestra
de cómo José Martí ha estado siempre presente en el corazón los
artistas plásticos cubanos; y la multiplicidad de formas ideadas
para representarlo desde la óptica de la caricatura. Estamos seguros
también de que muchas otras serán las nuevas interpretaciones que de
él harán nuestros creadores presentes y futuros, como homenaje al
más universal de los cubanos, ejemplo y guía del pensamiento
revolucionario y
latinoamericanista.
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