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EDITORIAL: La FEU del 90 Aniversario


 “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”

La Federación Estudiantil Universitaria (FEU), fue fundada el 20 de diciembre de 1922, por el líder estudiantil Julio Antonio Mella, acorde a las necesidades de aquellos tiempos de crear una organización que los dirigiera y fuese capaz de aunarlos para su preparación y fortalecimiento como movimiento de influencia social.

El primer presidente fue Felio Marinello, un ferviente luchador por la Reforma Universitaria y como secretario Julio Antonio Mella. Luego devendría toda una etapa de desarrollo revolucionario, guiado por la influencia de Mella, quien comprendió rápidamente que el problema iba más allá de la reforma universitaria iniciada en Córdoba, Argentina.

Ejemplo de ello son la creación de la Universidad Popular “José Martí”, la Liga Antiimperialista de Cuba, la creación de las revistas Alma Mater y Juventud, así como, entre otras, la celebración del Primer Congreso Nacional de Estudiantes.

La FEU saldría a la lucha revolucionaria nuevamente en la década del 50 contra la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar, destacándose entre sus acciones la firma de la Carta de México por parte del Directorio Revolucionario, como brazo armado de la FEU en 1956 con el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, así como el ataque al Palacio Presidencial en 1957, encabezadas ambas acciones por José Antonio Echeverría, Presidente de la FEU.

El 11 de agosto de 1966 se constituye la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE), que desde su fundación ha sido presidida por la FEU.


En las décadas de los 80 y los 90 y posteriormente entre el 2000 y la actualidad la organización ha desarrollado transformaciones según la coyuntura del país, impulsa el trabajo investigativo y la correcta aplicación del principio de la vinculación del estudio con el trabajo, la atención a las residencias estudiantiles, a las brigadas, a los estudiantes de otras nacionalidades, a las carreras pedagógicas, agropecuarias y técnicas, etc. Representa los intereses, y hace valer los derechos ya ganados del estudiantado.

Tiene entre sus objetivos agrupar a todos los estudiantes universitarios en torno a la Revolución cubana y a su continuidad; promueve el perfeccionamiento del nivel y el rigor docente; y hace de la Extensión Universitaria la vía más importante para llevar el deporte, la cultura y el pensamiento intelectual, a la sociedad.

Actualmente cuenta con más de 110 mil miembros en sus filas, estructurada en forma ascendente: jefe de brigada, presidente de Facultad, presidente de CES o Universidad y Secretariado Nacional, integrado por 17 estudiantes, representados por un Consejo Nacional que se realiza 2 veces en el año y el Congreso que debe efectuarse cada 4 años, pero que el período puede variar según las necesidades históricas.

La FEU del 90 Aniversario tiene sus retos por lo que en sus objetivos está representar al estudiantado universitario; canalizando sus inquietudes, defendiendo sus intereses y viabilizando sus iniciativas. Garantizar el ejercicio efectivo de los derechos de sus miembros y velar por el cumplimiento de sus deberes. Forjar para la sociedad nueva, el Hombre Nuevo al que aspiró el Che, en el amor a la Patria, a la Revolución y a nuestros mejores valores. Reafirmar la vocación social de los universitarios a través de la actividad comunitaria, el cumplimiento de tareas de impacto social y la participación desde el estudio u otras tareas en la solución de problemas de la sociedad.

La historia de la FEU es un capítulo determinante en la historia de Cuba del siglo XX y lo que va del XXI, en cada momento ha jugado su papel protagónico. Julio Antonio Mella, un marxista convencido, siempre fue dialéctico en sus concepciones. En la revista Alma Máter publicó el lema del Primer Congreso Nacional de Estudiantes: “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”.  A esta generación le corresponde superar todas las anteriores.

 

Los apagones que yo viví

apagónQue si fueron los días más difíciles de los cubanos, que si no se salvaba de esa la Revolución, que si no había esto y lo otro…

Así recuerdan el período especial los que vivieron aquella década dura de los años 90. Para quienes nacieron en ese año, como yo, les es imposible recordar un juguete bonito en la infancia, una golosina y también por qué no, la celebración de un cumpleaños.

Pero lo más molesto- al menos para los mayores- eran los interminables apagones.  Mientras otros sufrían, yo brincaba de alegría porque no me descubrirían al jugar a los escondidos. Así, me acomodaba en mi mejor escondite, que en la luz del día era el peor entre todos.

Las noches de apagones eran las más silenciosas a la hora de dormir, y las más ruidosas también. Los “portales apagados” eran el espacio de reunión del barrio: el chisme del momento y las peleas candentes eran los temas de los viejos de mi cuadra.

Entre tanta oscuridad yo podía mirar de reojo al niño más lindo sin que pudiera ver mis temblorosas manos, a pesar de que alguna que otra luz de los carros me sorprendía embobecida.

Pero a veces me caían mal los apagones y refunfuñaba igual que mi abuela cuando iba a cocinar casi a oscuras. Tenía que apurarme en resolver mis tareas porque no alcanzaba el queroseno para la “chismoza” y había que ahorrarlo para momentos de urgencias.

Muchas veces antes de quedarme dormida dibujaba en las oscuras paredes los más diabólicos bichos hasta que pudiera conciliar el sueño. Ese miedo me obligó a dormir con la almohada en la cara todas las noches, costumbre que me ha acompañado hasta estos días.

Los horarios de comida eran mis momentos preferidos pues podía esconder la carne debajo del arroz y los frijoles, sin que mi mamá se percatara de tal derroche en “tiempos especiales”.

Eran tan pocos “alumbrones” que mi vida fue adaptándose a no tenerlos y como niña al fin, le puse un poco de amor a las cosas que eran feas. Aunque el período especial llegó para quedarse, los apagones dijeron adiós hace ya varios años y nos devolvieron las lámparas, los bombillos y las calles con luces.

Ahora no quiero saber nada de ellos pero nacer en el 90 entre tantos apagones tuvo sus encantos, si no hubiese sido así, no habría escrito estas líneas.

 

¿Prejuicios sobre sexualidad en el siglo XXI?

El ingeniero Luis Orlando Abascal Barbán, de Bayamo, Granma, fue sancionado a separación definitiva de su puesto de trabajo, con cuatro años sin poder rehabilitarse, por tener en la  computadora portátil que tenía asignada como medio básico la serie de documentales titulada La guía sexual del siglo XXI.

Los prejuicios de no pocas personas al abordar y conocer sobre la sexualidad humana son conocidos, pero tal vez sea menos frecuente que estos lleven a conflictos laborales como los que nos relata el ingeniero Luis Orlando Abascal Barbán, desde Bayamo, Granma.

Este trabajador de la empresa eléctrica provincial se desempeñaba como especialista B en máquinas eléctricas y equipos primarios de centrales y subestaciones eléctricas hasta febrero de este año, cuando fue sancionado a separación definitiva de su puesto de trabajo, con cuatro años sin poder rehabilitarse, por tener en la  computadora portátil que tenía asignada como medio básico la serie de documentales titulada La guía sexual del siglo XXI.

 


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