Cada día lo vemos pasar con su andar despacio y la mirada perdida en los recuerdos. Su figura asemeja un Quijote andante que recorre nuestra universidad desde hace 35 años. Resulta imposible que pase inadvertido. Su singular tamaño despierta interrogantes y expresiones de asombro. Atesora en sí muchas historias que amablemente accedió a compartir con esta joven reportera.
Si nombro a Andrés Hernández García quizás muchos no sepan de quien hablo, en cambio si menciono a Chiquitico la realidad es otra. Aunque su altura supera los 2 metros sus compañeros lo llaman así cariñosamente. “En la Habana me decían Villalla pero aquí en Matanzas me llamaban Chiquitico y lo curioso es que había un estudiante al que también nombraban así, pero este si era chiquitico”.
En su juventud orientó sus pasos hacia el deporte, razón por la cual actualmente este constituye una de sus grandes pasiones.
“Integré el Equipo Nacional de Baloncesto y en el año 1968 representé a mi país en los Juegos “Esperanza Olímpica” realizados en la Unión Soviética, fue una gran responsabilidad pues no podía defraudar a aquellos que depositaron en mi su confianza”.
Quizo nuestra suerte que en el año 1976 Andrés comenzara a trabajar en el Área de Mantenimiento de la Universidad de Matanzas, específicamente como electricista.
“Aquella era otra época, existían mejores condiciones de trabajo y más recursos, recuerdo con mucha emoción el 11no Festival de Estudiantes y Artistas Aficionados, fue una gran fiesta en la que participaron muchachos de los centros de estudios de todo el país”.
Quienes conocen a Chiquitico aseguran que siempre tiene una sonrisa en los labios para enfrentar las adversidades. Luchador incansable contra los estragos del tiempo. “Es cierto que estoy jubilado pero eso no me impide continuar trabajando, a esta altura de mi vida no me concibo en otro lugar que no sea aquí“.
Andrés define esta casa de altos estudios como su compañera de historias. Su más fiel testigo de los buenos y malos momentos. Un lugar donde los jóvenes cubanos tienen su espacio y hacen notar su sentir.
Con la voz suave y serena que lo caracteriza y como un abuelo que aconseja a sus nietos Chiquitico pide a la nueva generación que no abandone ninguna oportunidad que les ofrece la Revolución Cubana: “Continúen en su desarrollo y superación. Por mi parte es todo por los jóvenes. Hoy en día ser un graduado universitario es un honor y un deber.”


