/ enero 10, 2020/ FEU, Historia, Personalidades

Por: Roberto Pérez Betancourt. Este 10 de enero se cumplen 91 años  del vil asesinato en ciudad de México de  Julio Antonio Mella Mc Partland (25 de marzo de 1903 – 10 de enero de 1929), el eterno joven de acción y pensamiento activos, que junto a Camilo y Che prestigian el emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas.

La mano sangrienta del tirano Gerardo Machado llegó hasta el fundador del primer Partido Comunista de Cuba para arrebatarle su energía vital, aunque no su fructífero pensamiento, aquel que  junto con el de Baliño, el viejo, el comunista, el martiano Baliño, hizo posible el paso adelantado en el tiempo de los obreros y campesinos cubanos, en estrecha unión con el estudiantado.

Incluye la impronta revolucionaria de Julio Antonio la gestación de la Federación Estudiantil Universitaria, la Liga Antiimperialista, la Universidad Popular José Martí y el primer Congreso Nacional de Estudiantes  en Méjico.

Aunque corta, la existencia física de Mella –solo vivió 26 años–fue prolífica por la variedad y hondura de sus acciones sociales y políticas frente a gobiernos pro imperialistas, en la pseudorrepública, instaurada en la Isla el 20 de mayo de 1902.

Esa historia adquiere dimensión de gesta memorable junto a contemporáneos de la talla de Rubén Martínez Villena y Juan Marinello, el veterano Carlos Baliño, cofundador del Partido Comunista y otras figuras referenciales.

Las páginas de pensamiento y valor escritas  por ellos, y las experiencias derivadas de sus actos, contribuirían decisivamente  a la formación de valores patrióticos en la conciencia revolucionaria de Fidel Castro y  muchos de sus compañeros, llamados a protagonizar hechos definitorios en el devenir de Cuba.

Convencido de que la unidad entre los diversos sectores populares es factor de triunfo frente a la oligarquía y la reacción, y que las transformaciones necesarias en pos de alcanzar la justicia verdadera no pueden dejarse a la espontaneidad de coyunturas económicas y sociales, Mella fomentó una cultura  imprescindible para sustentar la ideología revolucionaria.

De esa convicción surgieron sus iniciativas encaminadas a elevar el nivel cultural y político de los trabajadores y estudiantes, las cuales acercaron íntimamente a ambas capas de la sociedad  en  la Universidad Popular José Martí, fundada con 400 alumnos el tres de noviembre de 1923, hecho que marcó   positiva y reciproca influencia de conocimientos y experiencias.

Dichas actividades se mantuvieron pese a las persecuciones y al terror  impuestos por el régimen de Gerardo Machado,  hasta que el 12 de  julio de 1927 fue clausurada aquella idea de Mella, al amparo de maquinaciones leguleyas que invocaban delito de  rebelión vinculada al comunismo.

La mano del tirano Machado llegó hasta México,  donde Mella se halla exiliado en 1929, para asesinarlo y arrancar de la tierra la viril estampa del líder estudiantil cubano, aunque sin poder borrar su ejemplo y su pensamiento fundacional.

Hoy se le rinde tributo de recordación a Mella en todos los plantes educacionales del país. Y qué mejor homenaje, para quien en su tiempo fundó también la Universidad Popular, de vocación martiana,  que el haber expandido la universalización de la enseñanza como  demostración que las ideas justas y brillantes hallan continuidad en la obra revolucionaria del pueblo.

En ella están palpablemente presentes los líderes estudiantiles de hoy, relevo ejemplar de Mella y sus continuadores, y la obra toda de las juventudes cubanas,  en todas las esferas del quehacer productivo, intelectual  y científico, la reparación y construcción de escuelas, en los cursos de superación integral, donde más de cientos de miles están incorporados a la enseñanza media, incluido el rescate de quienes por alguna razón fortuita se habían apartado de los estudios.

Los jóvenes son protagonistas del relevo generacional,  beneficiarios del presente, y sobre todo del devenir, ese que Julio Antonio Mella divisó desde su altura de revolucionario ejemplar, como obra de plena justicia social, hoy  al alcance del esfuerzo mismo de todos, y para el bien de todos.

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