Un ser de luz: Rita Martínez Pichardo

“La educación es el movimiento de la oscuridad hacia la luz”, dijo Platón.
Y mientras escucho hablar a Rita Martínez Pichardo, profesora consultante de la Universidad de Matanzas, entiendo que su vida entera ha sido precisamente eso: un tránsito luminoso que ha iluminado a miles.–Yo soy fundadora de la educación superior en la provincia– dice con una mezcla de orgullo y serenidad. –Y eso marcó mi vida para siempre.–
Su historia comienza mucho antes de que existiera la universidad. –Al triunfo de la Revolución yo tenía 12 años–, recuerda. –Estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. Tuve profesores extraordinarios… algunos influyeron decisivamente en mi vida personal.–
A los 16 años, con un permiso especial, llegó a Cidra para enseñar Biología. –Imagínate, una muchachita dando clases… Pero allí estaban mis raíces. Mis abuelos eran maestros, mi abuelo periodista, poeta… él hacía que todos leyéramos, que dramatizáramos obras. Yo crecí en ese ambiente.–
Habla de sus mentores con un cariño que no se disimula:
–El Dr. José Francisco Wegener fue como un tutor para mí. Me preparó, me acompañó. Y Mariano de la Red… él influyó en mi vida desde lo personal y lo ideológico. Siempre digo que esas cosas hay que contarlas.–
La década del 60 fue un torbellino. –Se fueron muchos maestros, pero también quedaron grandes figuras. La Dra. Berta García, inspectores técnicos… todos ellos me formaron.– Tanto la formaron que pronto se convirtió en inspectora provincial, aun siendo muy joven.
Cuando recuerda la Facultad Obrera y Campesina, sonríe:
–Daba clases por la noche a militares y trabajadores. Y yo misma era alumna ayudante en el laboratorio. ¡Qué tiempos aquellos!–
Y entonces, casi como si fuera un secreto, confiesa:
–Terminé casándome con uno de mis estudiantes. Fueron 42 años de matrimonio. Hicimos una familia bonita, coherente. Eso me hizo mejor profesional.–
Pero la vida también la puso a prueba.
–Tuve a mi mamá 17 años con demencia, y a mi esposo más de diez enfermo. Aun así, nunca dejé de dar clases. Tengo 63 años de vida profesional… 63. Nunca he parado.–
En la década del 60, el poeta Raúl Ferrer le dijo una frase que ella guarda como un tesoro: “Rita, no se preocupe, usted va a tener universidad en Matanzas.”
–Y así fue– afirma. –En 1972 me llamaron. Fui profesora, estudiante, jefa de departamento… todo a la vez. Era la primera etapa del Instituto Pedagógico.– Recuerda cómo diseñaban cursos, cómo formaban a los primeros profesores:
–Creamos las bases curriculares y metodológicas de la enseñanza de la biología. Trabajé con el Dr. Roberto Andrés Verrier Rodríguez. Preparábamos a profesionales de la producción para que pudieran dar clases. Los primeros cursos se impartían en fábricas, en municipios, donde hubiera espacio. La universidad nació en movimiento, en expansión.–
Entre 1978 y 1982 fue vicedecana de la Facultad de Ciencias Agropecuarias.
–Daba Botánica General y era vicedecana. Fue una etapa muy importante. La facultad obtuvo evaluación de ‘aprobada’. Yo era feliz.– Luego vinieron las Relaciones Internacionales.
–Aprendí muchísimo. Trabajé con Teodoro Rodríguez, con el Dr. Harold García. Siempre tratando de ajustarme a los tiempos.–
–He dado cursos en Brasil, Venezuela, Perú, México. Soy fundadora de la Maestría en Ciencias de la Educación Superior. Lleva 29 versiones. He sido tutora, oponente, miembro de tribunales…–
Su investigación siempre ha girado en torno al proceso de enseñanza-aprendizaje.
–Mi tesis fue un trabajo muy bonito, diez años de cambios metodológicos en Agronomía.–Y hoy sigue activa:
–Trabajo en internacionalización, en proyectos, en la cátedra de género, en alianzas estratégicas. Me pueden ver en la UNEAC, en el Museo Palacio de Junco, en la peña … yo me muevo mucho.–
–Como hicieron conmigo, yo trato de hacerlo con los jóvenes. Los respeto mucho. Y ellos me respetan a mí. Eso es importante.–
Se describe con sencillez:
–Soy disciplinada, pero no tradicionalista. Me encanta la virtualidad. Me gustan las fiestas. Me celebraron mis 80 años con una actividad preciosa.–
–Mi trabajo siempre va dirigido al perfeccionamiento del proceso docente. En cualquier escenario. Esa ha sido mi misión.–
Por: Camila Díaz García
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